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jueves, 5 de abril de 2007

Unas cosas que escribí unos días

I

Ardo como leño verde
¿Quién pediría razones al fuego?
El crepitar traerá a la mañana.


II

¿Qué de digno hay en no tener,
qué de gloria en postergar?
La humillación no es pedagógica.


III

Un descanso quiero.
No una tumba con flores y homenajes.
Tumbarme, solo, en la frescura de, es cierto, un viejo día de infancia.
Eso es.

IV

Por cierto, la muerte.
Hay quien la reparte como pan del sacrificio.
Hombre misericordioso, recibe tú el primero esa gracia.


V

¿Acaso vendrás mañana?
Uno se acostumbra a todo.
¿Por qué pides que luche,
que luche contra ti,
por tu amor?


IV

(No siempre, no siempre)
Creo oír que regresas.
Sonrío, muy poco, ya sabio.


V

Un respirar,
un no se qué necesario,
una hora tardía sólo para mí,
un acento en una consonante,
un poder echar el cuento,
son pocas las cosas que pido
¿A Quién?

VI

No era tanta la desgracia.
Exagera el que sufre,
Tal vez exagera el que se conduele.
La caridad, a veces (hay que tener cuidado con el verbo), ofende a ambos.

VII

“Cerritos”, decía el abuelo,
y sonreía con las encías.
Mis tías se quejaban de su prodigalidad,
“candil de la calle”, le decían.
“Cerritos” y los caminaba
aunque ya no fueran suyos.

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