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viernes, 20 de abril de 2007

Sí, Fito, el mundo cabe en una canción.

Oigo una canción de amor, es linda, habla de las cosas que me han pasado y de cómo me he sentido luego de que ellas ocurrieran. No es la única que lo hace. Cuando uno sufre, reflexiona y las canciones de amor ayudan a reflexionar o es el sufrimiento el que aclara la razón y ayuda a entender los mensajes contenidos en tales piezas musicales. Algunos de estos temas pueden ser objeto de controversia, condescendamos en ello. A veces, por ellas, la gente se mata o hace otras locuras, pero el provecho que emana del gran conjunto de canciones de amor adecuadas hace olvidar cualquier hecho triste o impropio. Hay ideas diáfanas que se cantan muchas veces: “Se sufre cuando se ama”, “dos son compañía, tres ya son multitud”, “lo eres todo para mí”, “te amo desde el primer momento en que te vi”. Son tan beneficiosas para la salud mental del individuo y la tranquilidad social que no sé qué nombre darles. Ideas benefactoras. Y no sólo existen ideas de este tipo para el amor. Las hay para todo y le permiten a uno conversar decentemente:

-¿Qué tal?
-Aquí, muy bien ¿y la familia?
-Todo bien.
-¿Y los muchachos?
-Creciendo muy bellos. Comen como unos diablos y gastan ropa, pero son la felicidad del hogar.
-Sí, es verdad. Y crecen tan rápido.
-Hoy en día hay muchos peligros. La calle es mala consejera. En mis tiempos… y no es que sea viejo, pero esta ciudad se volvió…
-Etcétera.
-Ajá y las juntas, ja, las juntas. Uno les dice y no lo escuchan.
-¡Ah! Pero luego le dan a uno la razón, cuando están bien jodidos.
-Algunos y algunas veces.
-????
-Sí, ellos terminan dando la razón, sí, señor.
-Los hijos son bendiciones del Señor.
-Amén.

Cuando estuve bien joven, yo pensé que existía la naturaleza humana y que se podía estudiar. El tiempo me pasaba volando y eso me daba rabia. No tenía que ser para mí como era para todos. Pero necesitaba objetividad en mis estudios para así probar, cuasiexperimentalmente, bueno, no recuerdo si fue así con exactitud, los efectos de que algo no fuera para alguno como lo era para todos. Desde un balcón, un día (es mejor la claridad), vi mucha gente en una plaza. Decidí no escoger a nadie desde arriba. Bajé y le hablé a un tipo que me pareció abordable. Como pude, me hice amigo de él. Como pude, le dije que era tonto hablar con frases hechas. Me costó explicarle qué era eso. Se quedó pensando. Comenzó a hablarme, pero duraba mucho para contestar y a veces sus respuestas no eran del todo coherentes con la conversación. Poco hablaba. Cuando salíamos a caminar, miraba todas las cosas como si fueran nuevas para él. Yo pensaba que parecía siempre a punto de salir corriendo. "No me hables mucho, me cansa la charla", me dijo un día y me dio lástima con él. Lo que ocurrió otro día fue terrible. En nuestros paseos nos topamos con un grupo de religiosos o políticos, no recuerdo. Varios de ellos nos hablaron poco menos que a gritos. Movían las manos muy rápidamente frente a la cara de mi amigo. Él los apartó a golpes y golpes recibió de vuelta. Primero mordió a alguno. Luego, con sus uñas, vació un ojo. Los religiosos/políticos, retrocedieron algunos pasos, pero, contando con los dedos y dándose cuenta de que no les alcanzaban, arremetieron contra él y lo pusieron contra un auto. Palos y piedras aparecieron de quién sabe donde. Aproveché para huir, mientras oía los gritos de mi amigo, antes de odio que de dolor. Se habló de ajusticiamiento de un azote de barrio.
Obviamente, no seguí con mis experimentos. Ahora oigo la radio y luego, si la plata alcanza, tal vez me compre un ipod.

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