un sitio de reunión para todos aquellos que escriban o que pretendan hacerlo. sobre todo aquellos que escribimos en las sombras e, incluso, en una zona de cierta penumbra.

sábado, 24 de octubre de 2009

Para los que narran

Los que narramos debemos entender, eso creo, que una situación extrema, incluso graciosa, nunca transmite tanto como los momentos que casi todos vivimos, cada uno a su manera y según su gusto o disgusto, por ejemplo, sufrir de diarrea y hacer las necesidades en un baño portátil, en día de fiesta popular y con borrachos que tocan muy fuerte la puerta e incluso pueden llegar a voltear el baño, nunca puede compararse con la primera vez que a uno lo dejan sólo en un hospital o cuando se conoce el sexo, por lo común en poco favorecido lugar. Es decir, no se exagere, no se rompa la rutina rompiendo también el relato o las pelotas de quien lea.

lunes, 19 de octubre de 2009

Qué Androides ni Ovejas Eléctricas.
















La suma de los días que han pasado hasta hoy desde… desde cualquier tiempo, da un número, irrelevante en sí mismo. Pongamos que hace mucho yo era joven y tenía una amiga que quería tanto como para desear que fuese mi novia. Ella no lo quiso y no hubo tragedia en eso, son las cosas de la vida y no lo digo por adoptar la posición del sabio de la resignación o sabio de cualquier otra especie. Pasa el tiempo y las cosas del querer van dejando de ser unas para llegar a ser otras. Es decir, no se piense en desgracia al pensar en el amor no correspondido, eso sólo es así en dos supuestos (se me ocurre): cuando se ven las cosas a muy corto plazo o cuando se posee una disciplina y persistencia con nivel de virtud teologal.

Pero ocurre que la gente se va del país y quién sabe cuántas cosas vive por ahí y una noche, una noche de propios problemas y de soledad, de café y cosas oídas a otros, la gente lo llama a uno. Es lindo recibir llamadas de muy lejos, siempre causa asombro, como el de antaño o el de siempre al contemplar el fuego o el mar. Pero pasado el primer asombro queda la realidad, queda el peso del dolor ajeno que es propio aún así, tan lejos, queda el no poder hacer nada por la gente que uno bien quiere. Las máquinas que hemos inventado (¿Cuándo inventates vos, Chaco, un avión, le decía mi abuela a mi abuelo) son neutras y somos nosotros los que las llenamos de sentido, de amor, de tristeza. Un día nos habremos ido de por estos lados y lo que quede, unas palabras escritas, por ejemplo, no podrán mostrar todo lo visto, todo lo vivido, todo lo que se quiso. El final de Blade Runner no es tan SciFi como se piensa. Amigo, comenta algo.

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