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sábado, 21 de abril de 2007

Anécdota

Con traje alquilado fue al matrimonio de su amigo. Se sentó a una mesa cualquiera, total, no conocía a nadie. Bebió y se rió con los chistes de un tipo con bigote que sólo parecía estar vivo cuando se reía con mucho escándalo; el resto del rato el tipo daba lástima. En medio de los tragos vio a una flaca sentada sola y se acercó a ella. “Hola”, dijo y “Hola”, le dijeron. ¿Qué podría decir a continuación? Mirando a la flaca notó su actitud ligeramente interesada en él ¿Qué podría decir? Sentarse de nuevo no estaba bien ni tampoco quedarse callado unos segundos más. Hizo lo que le pareció más fácil: darse vuelta y caminar hacia la puerta, ni muy rápido ni muy lento, procurando mirar sólo al frente para evitar darse cuenta de las miradas curiosas, gestos varios e índices girando en torno de pabellones auditivos. Al otro día le preguntaron cómo le había ido. “Anoche conocí a una tipa, estaba buena. Me dio su número, pero entre el licor y mi tontería, no supe dónde quedó”.

3 comentarios:

América Victoria dijo...

Siempre tardo, pero no olvido. Uh, no creas tú que ando de insolente comparándome con Dios.Pero es que el adagio me pareció tan apropiado...
Con el propósito firme de llevar a Alejandra a dar un paseo, de permitir que la toquen los rayos del sol (que por fortuna no son contundentemente sólidos), te dejo aquí constancia de mi visita.

América Victoria dijo...

LPM...ya como que perdí lo que me quedaba en blogger. Así que intenté subir mi comentario como anónimo pero no me fue permitido. Y por defecto, introduje al final mi correo de gmail y veo entonces que no aparece uno, sino mis don nombres, lo que, como te imaginarás, conllevará autocensura y lo que eso comporta jajajajaja

América Victoria dijo...

..."mis DOS nombres", que no mi don nombre...

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