El Fuego Sordo

un sitio de reunión para todos aquellos que escriban o que pretendan hacerlo. sobre todo aquellos que escribimos en las sombras e, incluso, en una zona de cierta penumbra.

sábado 31 de diciembre de 2011

Periodista antiaurinegro: la hinchada te responde.


Por estos días se acostumbra hacer un balance de lo vivido en el año que está por finalizar. A partir de allí, los medios de comunicación nos surten de listados (lo mejor y peor), resúmenes, records, reseñas y toda una barahúnda informativa, más o menos necesaria. Sobre esta base, surge la necesidad de abandonar la postura políticamente correcta (y realmente hipócrita) de buena parte de la prensa deportiva nacional; esto es, fingir imparcialidad y callar lo evidente: decir que el Rey está desnudo puede ser perogrullada, pero no deja de ser verdad.

Como en el estado Táchira tenemos postdoctorados en fútbol no nos creemos nada en la postura equilibrada, como por encima del bien y el mal, que nos venden desde gran parte de los medios deportivos nacionales quienes bajo un manto de ecuanimidad pretenden esconderse las costuras que franca y groseramente se les ven.

Dicho lo anterior, hay que hacer un señalamiento responsable de las personas e instituciones que haciendo un uso incorrecto del poder que les otorga el ser concesionarios del espectro radioeléctrico venezolano, formar parte de la prensa escrita nacional o ejercer su labor propia como comunicadores públicos con gran alcance de difusión a las masas, hacen uso del Antiaurnegrismo como velada ideología de desconocer al otro, que saben superior.

Hace casi cuatro décadas que el estado fronterizo habla de fútbol, pero como esta disciplina dormía silente en el resto del país, acalllada por los cotufazos entre magallaneros y caraquistas, resulta que Venezuela avanzó en esta disciplina y desde el 2007 sobrevino un viraje histórico y el balompié empezó a convocar gentes a las canchas venezolanas y a las transmisiones televisivas y radiales como jamás nunca lo fue, casi igual a lo acostumbrado en el estado Táchira.

Ese interés creciente del país fue proporcional al nacimiento de una ideología velada destinada a arrinconar a la más populosa hinchada patriota y de las más conocedoras de Sudamérica. Ejemplos varios, más de los aceptables tenemos de la perpetración de la incitación a la animadversión y del desconocimiento de sus semejantes, veamos:

Los aurinegros no tenemos que soportar que un periodista capitalino invoque el “sagrado” derecho (de propiedad) sobre un espectáculo deportivo para impedir el ingreso de los trapos del visitante a un Súper Clásico del Fútbol venezolano (y únicamente estos) prohibición que no se extendía a los locales; ni que al referirse a tan noble hinchada utilice siempre la expresión “vándalos”.

Los aurinegros no tenemos que sobrellevar que un conocido narrador de un medio regional ubicado en la capital venezolana manifieste frente a la impotencia que le generaba el campeonato absoluto del Deportivo Táchira este 2011 que un técnico como Jorge Luis Pinto no había “dejado absolutamente nada a la estructura del futbol tachirense” y que el cuadro atigrado “ni siquiera tenía segunda división”. Inocultable el dolor de estas palabras aciagas del joven periodista.

Para tutelar el derecho del venezolano a estar bien informado cuando ese periodista publicó esas palabras en el 2011, no sólo era claro que existe sí una segunda división del Carrusel Aurinegro, sino que la misma logró –para esos días- el ascenso de la Segunda B a la Segunda A y que sus categorías Sub-18 y Sub-20 disputaban en semifinales el título nacional en los torneos correspondientes.

Los aurinegros no tenemos que aguantar que un conocido canal venezolano, abusando de su labor social para la que fuera creado en fecha reciente, desconozca que sus narradores incitan a la antipatía, haciendo referencias atolondradas sobre abandonos de una hinchada aurinegra y la fidelidad absoluta de la barra del equipo capitalino por el cual vibran. Porque, ya debe decirse, en toda práctica normal del periodismo deportivo, sus operadores, como seres humanos que tienen unas preferencias sobre otras, no ocultan su cercanía o su pasión hacia determinado club sin que por ellos puedan, objetivamente, hacer un gallardo desempeño de la profesión. No es este el problema: tengan claro, por el contrario, que los aurinegros no compramos ese discurso modosito, que entre chistes malos sobre focas y el patético acting construido sobre las muecas recargadas de quién simula tomar refresco en seco, ve una permanente incoherencia en toda política organizativa y deportiva del carrusel y una permanente excelencia en cada mínima labor de los otros diecisiete equipos de la primera “A” nacional.

Como se viene un año 2012 en el cual podemos enmendar los errores cometidos, sólo nos queda hacer una cita, reconocer los logros y decir una verdad: La cita, sobre la tolerancia, sin autor conocido: Tolerancia es esa sensación molesta de que al final el otro pudiera tener razón. El reconocimiento: el fútbol venezolano crece en lo deportivo y lo organizativo y, hablando un mismo idioma, la Vinotinto que nos aglutina sonará el Gloria al Bravo Pueblo en Brasil 2014. La verdad: Señores periodistas antiaurinegros, nuestra hinchada no les cree nada.

Feliz año, Venezuela.

Golmer Jota Vivas @Golm3r

David Colina @dagercol

lunes 18 de abril de 2011

Semana Santa


Semana Santa ha dejado de significar muchas cosas. En el tiempo de los padres de uno, algunos ya muertos, y en las montañas andinas de Venezuela, era el tiempo de hablar quedo, de ir a misa y de la abstinencia de la carne, más allá de muchas anécdotas jocosas o falsas. Con el auge de las vías de comunicación se convirtió, sin dejar de lado su contenido religioso, en la oportunidad para que los montañeros conociéramos la playa con sus bondades, desafíos y trampas. Entonces fue normal ver en las costas del Estado Falcón grandes y ruidosos grupos de tachirenses con las piernas pálidas, los hombros enrojecidos y el ánimo alegrón que crea el licor. No todos viajábamos y no todos lo hacíamos todo el tiempo: Punto Fijo o Playa Seca fueron los irónicos (al principio) y desgastados (después y no tanto) destinos de los que se quedaron. Los gobiernos mejoraron las carreteras con décadas de retraso, la gente que no tenía vehículos ahora los tuvo, los que vivían en la playa se mudaron a una habitación y arrendaron por días sus viviendas, la iglesia perdió pegada frente al Internet y la TV de paga; se podrán enumerar las causas de actual estado de las cosas hasta que la imaginación se rinda. Lo cierto es que Semana Santa es sinónimo de playa hoy en día, de playa con algunos aditamentos que a nadie extrañan ya:
-El vendedor de rompe colchón (especie de vinagreta criolla con milagrosos efectos afrodisíacos) y ostras que por su precio podrían permutarse por oro con toda tranquilidad.
-El cajero automático que no dispensa dinero.
-El show organizado por una empresa de cerveza o cigarros y que promete maravillas en la playa.
-Los cortes de luz que recuerdan que el calor es anterior a la invención del aire acondicionado.
-Algún que otro asalto a mano armada.
-Los accidentes en la carretera.
-Los celulares sin señal EDGE, 3G o hasta sin GSM.
La programación televisiva nacional, que agotó hace años la vigencia de ciertas producciones audivisuales: Los diez mandamientos, Moisés, Barrabás, El manto sagrado, Jesús de Nazareth y hasta Cleopatra, que no tiene que ver con las piadosas producciones anteriores, pero que se coló por eso del vestuario y la superproducción, nada tiene para ofrecernos en los días píos. Los paseos a los ríos como sucedáneos de los baños en el mar son consuelo de tontos y hacedores de sancocho. Aún con los sufrires que comporta, pernoctar en sitio cercano al mar, saberse próximo al baño de agua salada y la inmisericorde insolación, aleja de algún modo el recuerdo de la muerte, en cuanto conlleva un asirse a la tradición, por reciente que esta sea: que mientras se está con medio cuerpo bajo el agua, el trago en una mano y los ojos en una o dos partes del cuerpo de una chica, nadie ha de ocuparse por su rol en la vida o su destino en el ultramundo. A pesar de los inconvenientes, entre los cuales la omnipresente arena no es el menor, la playa rescata al hombre de su angustia. Y sin embargo, algunos no queremos ir.

lunes 28 de marzo de 2011

Demoliendo aceras


1.-Hemos intentado huir y no lo hemos logrado. En todo sitio al cual llegamos están los autos. Es la realidad venezolana: gasolina a precio simbólico y la certeza generalizada de que los peatones nada valen se unen para mostrarnos los atisbos de un futuro en que las aceras serán demolidas.

2.-En Venezuela todo el mundo conduce o desea conducir un vehículo; es la primera habilidad social en el sistema de valores. Saludar a los amigos y conocidos e incluso bañarse todos los días no son costumbres tan bien vistas como la de conducir con el brazo apoyado en la ventanilla, retando al sol a que ejecute un bronceado parcial. Es que aquí conducir un auto que se coma el salitre es preferible a ser filósofo: no he visto chofer muerto de hambre (bueno, he de reconocer que tampoco he visto filósofo, más allá de dos o tres que trasladan por el país, recubiertos con una capa de barniz para que la gente los vea y toque sin deteriorarlos).

3.-Tuve una empresa. Una empresa próspera que iba creciendo. No de modo destructivo, que nunca me ha gustado eso. Crecía y la prosperidad era cada día más evidente. Job me llamaban los que deseaban mi ruina. La vida no les dio contento, pues ninguna enfermedad inmunda cubrió mi cuerpo, ni sufrí la muerte de hijo alguno. Pero quebré. ¿En qué pensaba el día que me dediqué a pintar rayados peatonales para las Alcaldías? Ser el mejor no siempre funciona. La autoayuda me ha abandonado.

lunes 24 de enero de 2011

Leyendo Doktor Faustus


He vuelto a las andadas con los libros de Thomas Mann. El alemán es un escritor correcto hasta el extremo. Burgués en un sentido casi épico, el necesario para abjurar de esa misma condición (léase Tonio Kroger y se entenderá esto en su dolorosa extensión). Repaso algunos capítulos de Doktor Faustus y me aventuro en otros que no conocía. Y es que, salvo La Muerte en Venecia y algunos cuentos, me ha sido imposible leer a Mann de un tirón. Aunque nadie dijo que tenía que ser así. Su prosa, cuidada, profusa en la descripción del detalle físico y moral de personajes y ambientes, no es apta para lectores cansados, a altas horas de la noche y sin la ayuda del insomnio.

Sin embargo, Thomas Mann es uno de mis escritores favoritos. Me asombra la sabiduría en la creación de sus personajes, seres sencillos, normales, similares a uno mismo y a casi todos con quienes se interactúa a diario. Personajes cercanos y, como pasa en la vida, con caracteres propios y diferenciadores todos. Su discurso, hábilmente explicativo, omite con maestría lo necesario para que el lector fiel rellene los espacios y adjunte algunas conclusiones que asume como propias. Su visión de la infelicidad serena, del vitalismo trágico, encarnados en los ya míticos Gustave von Aschenbach y Hans Castorp, conmueve al que morosamente trasciende las páginas copiosas, previas y necesarias a la presentación de los momentos dramáticos de sus novelas.

Hoy día se habla de Mann más que de su obra: su (re)velada homosexualidad y las tirantes relaciones con sus hijos, todo con el fondo de una familia con tendencia al suicidio, son las deliciosas de lectores que aman las miserias de los famosos. No estoy contra la divulgación de tales detalles, igual no es mi familia ni soy yo, para ser sincero. Pero pretendo que se lea a Mann y se le juzgue literariamente sólo por lo que escribió. Vamos, tampoco es empresa imposible.

lunes 20 de diciembre de 2010

Urgente


Los asuntos urgentes apremian. Los asuntos urgentes se constituyen en elementos decisivos a la hora de tomar las decisiones, trátese del tema de que se trate. Quien decide con premura, decide. Es decir, no lo hace bien ni mal, pues no parecen existir tales modalidades. Decide, nada más. Los resultados son estudiados por otras ciencias, humanas en lo de errar, exactas en la crítica. No se tome lo dicho como axioma, no es la idea. Apenas júzguesele como hipótesis de trabajo con clara tendencia al tropezón conceptual. Pudiera decirse que así son las cosas para ciertas personas, a determinadas horas del día o de la noche. Los límites son arbitrarios, pero divertidos para quién los impone. No bastan para dar felicidad, pero alegran las horas, como la cerveza o el dominó (si se está ganando o no se apuesta fuerte, en el último de los casos).

Insisto, los asuntos urgentes apremian, porque son los únicos que tendrán solución; nadie aborda la satisfacción de necesidades lejanas, en tiempo o en lugar, porque, con un tal vez muy débil, no se trate aquí de necesidades. El muerto es problema de los deudos, de los vecinos o de la sanidad pública. Jamás del que le presta su nombre, apellido y señas de vida idas ya. Un ejemplo trillado, pero pertinente, que demuestra que la muerte no es urgente para todos, por tanto, no todos intentan darle solución, lo cual acaso sea lo mejor.

Los asuntos urgentes reciben galardones, forjan excelentes reputaciones profesionales, hacen que se ame más al ser amado; es decir, los asuntos urgentes son los asuntos importantes. Si somos realistas o, mejor aún, pragmáticos, los otros, los que no apremian, esos, los desdeñables, sólo deben ser objeto de reflexión u ocupación para tontos, ociosos o seres de muy poca autoestima.

miércoles 1 de diciembre de 2010

El hombre rebelde (y la mujer, ojo, la mujer)


En este país algunos se creen rebeldes porque hacen lo que otros dicen debe hacerse para ser rebeldes o se embotan de drogas y propios olores corporales o ven un canal de televisión que va contra el gobierno o ven un canal de televisión que está a favor del gobierno o muy jóvenes escriben poesía y se mofan del establishment aún cuando éste sea modesto y les premie o no trabajan nunca o casi nunca hasta llegar a ser diputados o concejales. Y sin embargo, algo no me deja del todo tranquilo: ¿es que por fuerza era necesario ser rebelde? ¿de esa manera iba la cosa? uno termina por enterarse tarde de cada asunto.

sábado 14 de agosto de 2010

La locura del rey Jorge (resubido, original del 29.08.09)


Un video editado se difunde por Internet: en él se muestra la presunta demencia senil que aqueja a Fidel Castro. Sin ser demasiado parciales debe reconocerse que el hombre no es el mismo, que una enfermedad, la que sea, oculta a los grandes medios (e incluso a los pequeños y virtuales) ha disminuido sus facultades mentales. Nunca le tuve por genio, como tampoco a ningún otro político. Siempre he esgrimido la tesis de que quienes nos gobiernan, desde la época y el lugar que se juzgue conveniente usar como referencia o punto de partida, son personas normales, tal vez demasiado pagadas de sí mismas, tal vez un poco locas, creyentes de su propia leyenda. Pero es evidente el deterioro del discurso. Digamos la verdad; Fidel parece, en ese video, un abuelito bueno y senil de los que huelen a orina seca. Mi idea no es mofarme del hombre. El tipo tiene cuentas pendientes. Como todo gobernante, debió pasar por encima de muchos, ejecutar grandes injusticias para llegar y, sobre todo, para mantenerse en donde tantos años estuvo. A ratos, ratos perdidos acaso, hizo algunas cosas bien y ayudó a otros. Pero como dijo Julio Cortázar, allá en el fondo está la muerte. Es nuestra naturaleza, debe ser asumida su inminencia para calmar un poco el ánimo y ahuyentar el temor paralizante que la conciencia de la propia finitud podría causarnos si no la entendemos como algo natural. Los que han abandonado la creencia en ultramundos o en trascendencias, saben o debieran saber el riesgo y la valentía que requiere su postura. Ante esto es inevitable construir ídolos, titanes que afrontan los avatares de la existencia, las fuerzas de la naturaleza e, incluso, la perversidad humana encarnada en sistema político y económico. A tales fines se han levantado o se levantarán altares ateos para Marx, Lenin, Mao o Fidel. Es forma de asumir la vida y por esto no es objeto de crítica mientras en nada moleste o dañe a los demás, a los que no comparten la creencia o no la comparten con la misma intensidad o sinceridad. O mientras no dañe a cualquiera. Alargo demasiado mi reflexión, la idea es: es tragedia la muerte y es tragedia la muerte de los mitos, aún antes de la muerte física de quienes los encarnan. No puedo condolerme por un señor que juzgo pernicioso, tampoco alegrarme: vida y muerte son naturales como la lluvia, la noche o el sonido. Me duele, eso sí, la desolación de quienes han construido su vida en torno a esa figura, viendo en ella una especie de superhombre que no tendría final. Los que creen en ultramundos tal vez sean infelices en el fondo. Pero los creyentes de las religiones de izquierda tienen despertares más incómodos y no siempre tan tardíos, tan tranquilos, tan serenos.

viernes 13 de agosto de 2010

Lecciones incompletas

Quino, en alguna época de Mafalda, la hace asistir a la escuela primaria o de primeras letras. De ello deriva muchas situaciones jocosas, de entre las cuales escojo una ahora: Ella y su amiga Susanita conversan y en los globos sobre sus cabeza se pueden leer frases escritas con redondeada letra de maestra normalista: "mamá sala la masa" y "esa masa es sana" o cosa parecida, luego de lo cual Mafalda concluye, después de despedirse de su amiga: "lo bueno de asistir a la escuela es que una puede conversar en un nivel literario". Habrá que disculpar la inexactitud de estas citas, pero son hechas de memoria y de lejos.
La risa me distrajo durante muchos años, pero justo logré pensar en lo expresado con alguna independencia y se me ha ocurrido algo, si se juega un poco, si se supone que no se avanzó demasiado en los estudios de primeras letras, digamos, no más allá de las cuatro lecciones iniciales de primer grado, es decir, las lecciones "mamá", "papá", "sapo" y "loma" (sobre el contenido de las mismas deberian sobrar las explicaciones) podrían escribirse algunas ideas significativas o curiosas? Pienso que es posible, propongo algunas y sugiero la colaboración activa de los potenciales lectores:
-papá amasa la mama.
-ese lama sopesa mi misa
-papá usa la mula. Ama a esa mula.
-mami, esa posesa lo mama.
-mamá, su moso (bueno, tan poca educación no incluye buena ortografía) se pasó la pepa.
Es posible, pero trabajoso, excluye las opciones de tutear o decir que no de modo directo, pero nuestra educación agradece que no le exijamos demasiado.

Enviado desde mi BlackBerry de Movistar

El Internet me ha abandonado

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lunes 26 de julio de 2010

Ardua Tarea (resubido)


No sé mucho de poesía, porque poco leo y casi no he escrito. Poesía, es decir. Sin embargo, no me dejan indiferente algunos grandes poetas: Pessoa, Cuadra, Vallejo, Rimbaud, García Lorca, Cadenas y algunos más. Escribir con tal fuerza es difícil, no pido tanto para lo que hago y por eso me centro en la narrativa y en algun reflexión que publico en este blog.
Hay gente que no ve la empresa tan dura, que se atreve y eso es bueno, lo aplaudo y reconozco. Sin embargo (que hace las veces de pero), no puedo dejar de notar una especie de fórmula fácil que permite que cualquiera acceda a nuestro olimpo poético local, regional y, sobre todo, estatal. No se tomen mis palabras en serio ni literalmente, sólo hago una consideración que será fácilmente desmentida por cualquier cursante, incluso reprobado, de maestría en literatura, hasta dejarme en el ridículo más sonrojante. Esto es: baste unir sustantivos con adjetivos equívocos, con profusión, acudir a metáforas usadas o, si acaso, crear una sola que valga la pena y ponerle con ella el nombre al libro. Ser oscuro hasta para sí mismo, jamás dejar entrever una leve nota de optimismo o de fe en lo vital que no sea política, roja y permitida.
Ayuda crear textos intercambiables, vale decir, de esos que no se resisten a los errores de impresión que juntan el final de un poema con el inicio del otro. La poesía es una sola, caracha, y para eso se tiene una voz. También es útil que quien haga la presentación del poemario vea en él una marcada tendencia ética o metafísica o una vaina como un discurso entronizador, una vocación de ocasos o, si no se puede mejor virtud, la laboriosa instancia que permea soledades. En cualquier caso debe exigirse al presentador (que a veces es exigirse a uno mismo) que no pretenda lucirse y que no acuda, y en esto sigo a Roberto Echeto, a los nombres tantas veces citados de los teóricos de siempre: "medirlo todo con el canon de Bloom, con el de Barthes, con el de Todorov, con el de Steiner, Foulcault, Habermas o con el de cualquiera de esos grandes chivos que legitiman a todo el que los nombra".
De este modo, sugiero que se legisle en materia de poesía y se cobren impuestos, como en un buen poema de Maiakovski, que se peche la sobreadjetivación, con recarga porcentual importante si el adjetivo es epíteto y con tributo confiscatorio si sólo pretende sorprender por ambiguo. Que se prohiban las citas más largas que los poemas sería otra medida interesante. El tema da para mucho, espero colaboren los hipotéticos lectores.
P.D. A modo de ejemplo:
Avanza entonces, cardumen de sufrires,
antónimo del alba, carácter sombrío de mis temores,
ariete indemne de los desfiladeros,
cambur innecesario, frasco sin frasco,
adlátere del consumismo.
Deja la huella, deja la huella,
que la huella no es para seguirte
sino para pisar el futuro
(el presente, perro negro que no se deja bañar),
el futuro grande de la patria grande,
que no se tiene, que no se sueña,
que sólo se construye
en andamios (importante esto de los andamios) preñados de esperanzas.

Lugares Comunes


Luis estaba enamorado con todas las fuerzas de su corazón e, incluso, de su alma, aunque era ateo, gracias a Dios. Cada minuto lejos del objeto de su querer se le hacía insoportable. Luis quiso dar término a tan enojosa situación y decidió cortar por lo sano (haciendo énfasis más en lo sano que en lo de cortar), y renunció a su trabajo, ocupación en la que no ganaba sino tres lochas que no le aseguraban ni lugar para caer muerto. Ya sin trabajo, se vio libre para hacer lo que más deseaba en el mundo: amar a su querida Sandra. Intentó hacer poemas que llegaran (de nuevo) al alma, que dejaran una enseñanza para las jóvenes generaciones, poemas que enaltecieran los grandes valores del espíritu y de la patria. No le quedaron del todo mal, aunque si hubo gente que le criticó, esos, los que ni lavan ni prestan la batea, los que no pueden ver ojo bonito en cara ajena. Pero para Luis eso no era importante, Luis tenía en sí ese fuego sagrado que le insuflaba el coraje para ejecutar las más osadas acciones en pos de su anhelado fin.

Lo que Luis no sospechaba era que había alguien ladrándole en la cueva; siempre la traición viene de la gente a la que uno quiere. Hugo, su amigo del alma, su hermano, miraba a Sandra con deseo. Hugo era un muchacho bueno, sostén de hogar (no se vengan con el horrendo chiste) y fiel cumplidor de sus obligaciones, pero como el diablo es puerco, Sandra se le metió por los ojos, por lo Hugo cayó en la tentación y traicionó la confianza de su amigo. Luis fue el último en enterarse de la infidelidad, como corresponde, pero apenas lo supo, se puso fuera de sí (un amigo lo quiso corregir cuando gritaba “estoy fuera de sí”, pero no le prestó atención; no era el momento). Luis habló a Sandra con el corazón en la mano y vio en sus ojos arrepentimiento de verdad. De este modo, se evitaron las tragedias grandes por todos temidas y colorín, etc.

Y aunque segundas partes nunca fueron buenas, la historia siguió. Luis no confiaba del todo, el demonio de los celos hizo su parte. Y las lenguas viperinas, que no resistían ver a dos que se querían bien, llenaron de chismes y destruyeron tanto un puro (desde cierta fecha hasta otra, con una lógica interrupción) amor como una sincera amistad con pequeños matices. Luego vinieron los amigos de lo ajeno y se llevaron hasta las últimas migajas del sentimiento y entonces esta vez sí, colorín.

lunes 12 de abril de 2010

Observación de lejos


No creo muy sensato suicidarse a los 25 años, eso es no tener paciencia o creer el propio fingimiento. Leamos a Cioran, pero ojo, chicos, no hagan esto en casa. Se puede decir mucho sobre la vida, sí, bueno, digámoslo.

viernes 2 de abril de 2010

Hace rato


Hace rato que no escribía en el blog. El blog no debe ser un reflejo de lo vital, pues de ese modo debería alguien forzosamente concluir que mucho no he vivido durante este interín (desde Navidad a Viernes Santo, la gran puta!). No, claro que no, he vivido cosas, algunas buenas, algunas malas y la mayoría, neutras.
Ah, quise hacer una entrada en otro blog, uno de cine que inicié con un amigo, una entrada docta sobre el género de la road movie, entrada que nunca terminé, pero que me permitió leer y ver cosas interesantes. Participé en un concurso de relatos, con un relato que juzgué bastante bueno, pero a que mis amigos no entusiasmó para nada. Imagino que no ganaré, ah, de nuevo, la gran puta.
Pero la idea no es esa, no es hacer un catálogo de lo confesable (hay cosas que callaré para siempre), sino agregar algunas palabras a este blog, e imponerme de nuevo la disciplina necesaria para seguir adelante con él. Así sea (esta ya lo he escrito antes).

viernes 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

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