un sitio de reunión para todos aquellos que escriban o que pretendan hacerlo. sobre todo aquellos que escribimos en las sombras e, incluso, en una zona de cierta penumbra.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Urgente


Los asuntos urgentes apremian. Los asuntos urgentes se constituyen en elementos decisivos a la hora de tomar las decisiones, trátese del tema de que se trate. Quien decide con premura, decide. Es decir, no lo hace bien ni mal, pues no parecen existir tales modalidades. Decide, nada más. Los resultados son estudiados por otras ciencias, humanas en lo de errar, exactas en la crítica. No se tome lo dicho como axioma, no es la idea. Apenas júzguesele como hipótesis de trabajo con clara tendencia al tropezón conceptual. Pudiera decirse que así son las cosas para ciertas personas, a determinadas horas del día o de la noche. Los límites son arbitrarios, pero divertidos para quién los impone. No bastan para dar felicidad, pero alegran las horas, como la cerveza o el dominó (si se está ganando o no se apuesta fuerte, en el último de los casos).

Insisto, los asuntos urgentes apremian, porque son los únicos que tendrán solución; nadie aborda la satisfacción de necesidades lejanas, en tiempo o en lugar, porque, con un tal vez muy débil, no se trate aquí de necesidades. El muerto es problema de los deudos, de los vecinos o de la sanidad pública. Jamás del que le presta su nombre, apellido y señas de vida idas ya. Un ejemplo trillado, pero pertinente, que demuestra que la muerte no es urgente para todos, por tanto, no todos intentan darle solución, lo cual acaso sea lo mejor.

Los asuntos urgentes reciben galardones, forjan excelentes reputaciones profesionales, hacen que se ame más al ser amado; es decir, los asuntos urgentes son los asuntos importantes. Si somos realistas o, mejor aún, pragmáticos, los otros, los que no apremian, esos, los desdeñables, sólo deben ser objeto de reflexión u ocupación para tontos, ociosos o seres de muy poca autoestima.

Estadísticas