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miércoles, 20 de mayo de 2009

Memín no más un poquitín


Leo desde que era un niño. En mi familia incluso se dice que no está claro el momento en que aprendí a leer, sólo que aprendí. Recuerdo que en la escuela eso era lo más fácil, aprender a leer; hacer planas, sumas y restas e incluso asistir, eso era otra cosa.
Mis primeras lecturas no fueron nada elevadas: Condorito, Memín Pinguin, Orión el Atlante, cosas así. A Memín lo seguía con pasión. Yolanda Vargas Dulché, creo que se llamaba, fue la primera escritora cuyo trabajo me interesó particularmente. Ah, llega un momento en que se deben confesar los pecados, al menos los literarios. Y sigo en ello. En mi infancia, con solo dos o tres canales de televisión, uno se centraba en todo lo que transmitían y lo disfrutaba en sumo grado. La programación era del año, del año setenta si estábamos en el ochenta y cinco. Mucho cine viejo veía uno. De entre tanta película o "superproducción" como anunciaban los narradores, recuerdo ahora "Barrabás", protagonizada por Anthony Quinn. Yo no sabía que el autor de la novela breve en la cual se basaba era Par Lagerkvist (creo que ni tenía noticia del concepto de novela corta). Sólo atinaba a pensar que me gustaba mucho y la veía una y otra vez. Por esos días (ubiquémonos, por la época de la primera visita de Juan Pablo II a Venezuela) una revista popular, con la política criolla como tema central, empezó a obsequiar obras de literatura universal y local. Entre los libros que componían esta colección estaba una selección de cuentos de Arturo Uslar Pietri llamada "Barrabás y otros relatos". Mi emoción fue suprema. ¡Iba a leer la historia de Barrabás, tal como la había visto tantas veces! El anuncio llegó una semana antes que el libro, es decir, con la edición anterior de la revista. Fue una semana larga, como suelen ser todas las de la infancia, pero terminó (como todo). La decepción fue lo que siguió. ¿El delito de callar? Ah vaina más boba. Mi indignación no conoció límites. No pensaba yo que dos o más obras literarias pudiesen tener el mismo título, pero ser distintas. Muchos años después, muchos para mi perfecta ignominia, reconocí que el cuento de Uslar era hermoso. Viví en el error, lo reconozco, pero ya me redimí, soy un hombre nuevo. Cuando salgan, si pueden, dejen una monedita en el platico colocado al efecto.

4 comentarios:

Doña Dakmarcita Hernández de Allueva dijo...

¡La tabla con el clavo con el que le daba "con fruición" Eufrosina al pobre Memín!

maldoror dijo...

Sí, terrible instrumento nunca denunciado ante organismos internacionales. Es increíble lo que nos metían a los niños en la cabeza y, sin embargo, no salimos tan malos.6usted

anubis- dijo...

A mi me encantaba Memín :) incluso me traje toda una colección de oro de Mx, por si desea recordar.

David Colina dijo...

Sí, me interesa mucho volver a ver al negrito

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