Las desgracias nada enseñan. Las desgracias sólo son y ya. Preferible sería que fueran lecciones programadas para un año escolar de duración variable, que dieran un diploma luego de ocurrir una o varias, dependiendo el tamaño del sufrimiento, que se las planteara en un currículo discutido y pensado con base en los más modernos conceptos de la pedagogía o de la andragogía, al menos. Sería bueno, pero no es así, las desgracias sólo son y ya. Somos nosotros los que podemos extraer sabiduría, si optamos por hacerlo, de todas las experiencias vitales. Sabiduría para cada uno, verdades para cada uno, porque aunque la verdad es una, es muchas, porque depende de quién la entiende, de cuánto y de qué forma la pueda o quiera entender, de la hora, de la lluvia, del amor que se viva o se haya vivido, del desengaño que se hubiere asentado como forma de ser y entender. Somos nosotros, no son las desgracias.
"Estaba muy especiado". Denis Villeneuve encontró el secreto para dirigir a
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Una de las máxi...
Hace 1 hora

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