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jueves, 11 de junio de 2009

Aclaratoria


Los pocos o ningunos lectores de este blog se sorprenderán por la temática del mismo. Nada hay en él que sea actual, ninguna reflexión social o política pertintente, que justifique o explique los cambios en el manejo del mundo o que dé ideas para comprenderlo. Tal vez se piense que el autor de estas entradas vive en un mundo etéreo, gobernado por imperativos estéticos y preocupaciones metafísicas ajenas a lo que vive en un día normal un latinoamericano cualquiera y en especial, un venezolano de frontera.
Debo decir de mí que trabajo y hago mercado, que con frecuencia miro el calendario para ver qué tal lejos está el día de pago y acto seguido, miro la nevera para comprobar la ausencias alimentarias que ella consten. Que tengo auto pero no lo manejo, que ando en transporte público e incluso a pie por la ciudad y que he sido asaltado, como todo ciudadano que se precie de tal. Que lo político me preocupa, por lo que pueda afectar a mi vida y por la parte de estupidez y simplismo que aporta a personas que no necesitaban tales auxilios, sobre todo en este país y por estas fechas.
Sin embargo, las reflexiones o los relatos, los comentarios o las citas con las que lleno el espacio de este blog, son las que se me hacen necesarias en cuanto me siento y abro www.blogger.com, qué se le va a hacer.
Así es la vida y el arte, aunque lo mío no se trate de arte y tal vez sí, en un pequeño porcentaje, de vida.

jueves, 10 de mayo de 2007

Borges, los otros y yo.

Acabo de ver una película de Lars von Trier, El Elemento del Crimen. En ella una mujer, pidiendo favores sexuales al protagonista, le solicita que meta a Dios en su cuerpo. Muchos años antes (muchos desde que lo leí, demasiados desde que fue escrito) un relato de Bocaccio ubicado en una de esas noches memorables de su Decamerón, narró la historia de un ermitaño joven y muy santo al que un día acudió una mujer joven y voluptuosa, pero portentosamente inocente (ah, la literatura). La joven quería servir a Dios en aquel retiro. Los primeros tiempos pasaron entre penitencia y oración, más luego el ermitaño, no soportando más el hervor de su sangre, decidió tener relaciones sexuales con la joven, convenciéndola de que el asunto no se trataba más que de una actividad al servicio del Señor. A tal efecto la invitó a meter al Diablo en el Infierno (El Diablo moraba en la ingle de él. El infierno: lindo territorio en la entrepierna de ella). “Mala cosa es ese Diablo”, creo que dijo la joven la primera vez. Después encontró verdadero regocijo en su piadoso proceder.
La relación entre dos ideas de autores tan dispares me causó estupor, maravilla, contento. Y no es la primera vez que me pasa. Y no soy el único a quien le ocurre. Borges, por ejemplo, reseña conexiones mucho más complejas, baste como ejemplo aquel texto que se refiere a Kafka y sus predecesores, vale decir, aquellos autores que aún antes del checo, prefiguraron su obra en el tono, en el tema o en la atmósfera. Una parte importante de la obra de Borges se ocupa de cosas como estas. ¿Por qué? Él era un solitario y solo debió estar cuando las descubrió. ¿Cuántos momentos se habrán perdido? Es difícil compartir una estrella fugaz, pero las estrellas fugaces, en el fondo, son todas iguales. Borges, desesperado, quiso salvar sus alegrías. Por él y un poco, es inevitable, por los demás. No su torpeza, que él se atribuye en algún lado, sino la del idioma, la del lenguaje oral y escrito, se interpuso en su propósito. Pasaron los años y Borges murió antes de que yo pudiera leerle. En Caracas, en una venta de libros usados compré luego sus Obras Completas que no lo son. Rato más tarde vendrá la muerte con sus vainas. Tal vez por eso yo escriba.

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