Hermosa al aire andas,
atada a tu desgracia,
atada a mí
que estoy atado a tí
por mi voluntad
y por algún que otro designio
de querubín o demonio desocupado.
Hermosa al aire vuelas,
con alas de pena y frágiles
y sé que estamos juntos
aunque no sea así.
Ser de la tierra duele
como sólo la tierra enseña
(comer tierra es aprender sobre la vida).
Ahora mismo odio al ser que creó la distancia.
Hermosa al aire estás,
lejos como la infancia,
triste sin que yo pueda hacer nada,
sin que te pueda decir
que no es necesario que sufras,
que no tienes culpas qué expiar,
que los culpables son otros
que no son ni siquiera importantes,
que seré transitoriamente eterno por tí.
Hermosa al aire esperas
un destino que no es tuyo,
un jardín con rosas domesticadas,
tal vez la paz que es el morir.
Porque la estrella ilumina aún junto al río,
pero también lo hermoso muere.
