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domingo, 29 de abril de 2007

Por vía de excepción

En la vida hay eventos, en casi toda vida. Y casi todos son neutros. Sólo una ínfima parte de ellos pueden ser calificados como buenos o malos. Esos que se contemplan desde lejos con emoción o con sonrisa paternal. Si dos o tres sobrepasan en número o dimensión a los otros en la dualidad bien/mal, se dice que hemos sido felices o no. No soy poeta y es fácil notarlo, pero los eventos de mi vida me han regalado este texto de que estoy orgulloso:


Hermosa al aire andas,
atada a tu desgracia,
atada a mí
que estoy atado a tí
por mi voluntad
y por algún que otro designio
de querubín o demonio desocupado.
Hermosa al aire vuelas,
con alas de pena y frágiles
y sé que estamos juntos
aunque no sea así.
Ser de la tierra duele
como sólo la tierra enseña
(comer tierra es aprender sobre la vida).
Ahora mismo odio al ser que creó la distancia.
Hermosa al aire estás,
lejos como la infancia,
triste sin que yo pueda hacer nada,
sin que te pueda decir
que no es necesario que sufras,
que no tienes culpas qué expiar,
que los culpables son otros
que no son ni siquiera importantes,
que seré transitoriamente eterno por tí.
Hermosa al aire esperas
un destino que no es tuyo,
un jardín con rosas domesticadas,
tal vez la paz que es el morir.
Porque la estrella ilumina aún junto al río,
pero también lo hermoso muere.

jueves, 5 de abril de 2007

Unas cosas que escribí unos días

I

Ardo como leño verde
¿Quién pediría razones al fuego?
El crepitar traerá a la mañana.


II

¿Qué de digno hay en no tener,
qué de gloria en postergar?
La humillación no es pedagógica.


III

Un descanso quiero.
No una tumba con flores y homenajes.
Tumbarme, solo, en la frescura de, es cierto, un viejo día de infancia.
Eso es.

IV

Por cierto, la muerte.
Hay quien la reparte como pan del sacrificio.
Hombre misericordioso, recibe tú el primero esa gracia.


V

¿Acaso vendrás mañana?
Uno se acostumbra a todo.
¿Por qué pides que luche,
que luche contra ti,
por tu amor?


IV

(No siempre, no siempre)
Creo oír que regresas.
Sonrío, muy poco, ya sabio.


V

Un respirar,
un no se qué necesario,
una hora tardía sólo para mí,
un acento en una consonante,
un poder echar el cuento,
son pocas las cosas que pido
¿A Quién?

VI

No era tanta la desgracia.
Exagera el que sufre,
Tal vez exagera el que se conduele.
La caridad, a veces (hay que tener cuidado con el verbo), ofende a ambos.

VII

“Cerritos”, decía el abuelo,
y sonreía con las encías.
Mis tías se quejaban de su prodigalidad,
“candil de la calle”, le decían.
“Cerritos” y los caminaba
aunque ya no fueran suyos.

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