un sitio de reunión para todos aquellos que escriban o que pretendan hacerlo. sobre todo aquellos que escribimos en las sombras e, incluso, en una zona de cierta penumbra.

martes, 18 de septiembre de 2007

Sicko



Michael Moore, en junio de 2007 estrenó Sicko, documental relativo a las inhumanas políticas de los seguros médicos norteamericanos, que anteponen la ganancia, como valor fundamental, frente a la vida e integridad humanas. Impresiona el cálculo frío que condena a muerte a un ser y el llanto de éste cuando sabe, así, con certeza, con crueldad, con vacío, que va a morir. Todos pereceremos al final, aunque evitemos pensar en el asunto ¿Será malo ganar unos dólares en el interín?, parecen preguntar aquellas empresas.
Moore contrasta las condiciones norteamericanas con las de otros sistemas de salud, de carácter público, Inglaterra o Francia, por ejemplo, mostrando que en el primero de estos países una receta médica suma el mismo módico importe en una farmacia de Estado, sin que cuente para ello la cantidad de medicamentos o las características de los mismos. En tierras galas, por otro lado, se llama al médico para que acuda a casa con prontitud apenas menor que la destinada en Norteamérica para el despacho de una pizza u otra especie de comida rápida, sin que el paciente deba pagar nada por el tratamiento.
En lo humano, dos momentos me impresionaron. Cuatro mujeres de sano aspecto refieren en pantalla sus experiencias, las dificultades afrontadas frente a las aseguradoras. Minutos después uno se entera que dos de ellas han muerto y la tercera, una bella muchacha, está invadida por el cáncer. Una doctora, Linda Peeno, cuenta su ascenso dentro del mundo corporativo: mientras más tratamientos médicos negase, mayores logros laborales obtenía. Un amigo, ex-trabajador de ese ramo, me comentó que las aseguradoras en Venezuela eran tan salvajes como las norteamericanas: a los empleados se les exigía revisar hasta el más ínfimo detalle de las pólizas y expedientes para buscar la justificación, muchas veces formal, para evitar el pago.
Ya al final de la película Moore fleta un barco para llevar a Cuba, a fin de que se les suministre atención médica, a un grupo de socorristas afectados en su salud por la participación en los rescates del 11 de septiembre de 2001. Esto, según se comenta en algunas páginas web, podrá conllevar problemas legales al director del documental e incluso al grupo que le acompañó a la isla caribeña.

ADVERTENCIA FINAL Y NO POR ELLO MENOS IMPORTANTE:

La diferencia entre el sistema comunista y el capitalista es que, aunque los dos nos dan una patada en el culo, en el comunista te la dan y tienes que aplaudir, y en el capitalista, te la dan y uno puede gritar; yo vine aquí a gritar.

Reinaldo Arenas, Antes que anochezca.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Nostalgia, creo que le dicen...

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La infancia se queda prendida a las cosas más nimias. A veces pensamos en ella y a veces, por extrañas conexiones, hacemos algo más que pensar y sólo un poco menos que regresar. Es normal que alguna lágrima... Es normal. Tal vez no todo el que lea me entienda, tal vez yo no pueda entenderle. Es que la nostalgia es isla compartida quién sabe cómo, con alguna gente. A veces sólo son dos. A veces es uno sólo que creía que no era así, sabiendo desde el principio lo contrario. Las ilusiones son otra cosa.

Hace mucho tiempo un amigo me dijo que contemplar en televisión la muerte de Mazinger Z había sido el momento más duro de su infancia. Lo dijo en son de broma. Al menos en tono idem. Al menos parecía bromear. Yo reí, porque para mí también fue duro. Antes de eso siempre pasaba algo maravilloso que permitía que el robot continuara su lucha contra el doctor Hell y sus monstruos mecánicos. Pero ese día, sin aviso y junto a mis hermanos, supe que no era así. No voy a mentir, aunque sería bonito, no recuerdo la hora, el cielo, el viento que soplaba entonces. Tampoco podía plantear las cosas así en aquel entonces, pero creo que mi amigo y yo y otros amigos y muchos a quien sólo conozco ligeramente y aún otros que no conozco para nada, ni siquiera de nombre, supimos ese día que existía la muerte. Vallejo me lo explicó así, luego:

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma... Yo no sé!


Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán talvez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte

Luego de eso, Nietzche en su "Así hablaba Zaratustra", con la noticia de la muerte de Dios, me supo a poca cosa, nada del otro jueves.

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jueves, 6 de septiembre de 2007

Advertencia

Las entradas de este blog a veces son muy largas, más de lo acostumbrado. Hace algunos días recibí esa advertencia de parte de alguien que no quiso identificarse. Es cierto, mi amiga América también me lo había dicho: "nadie lee los post largos".
Todo eso es muy cierto y muy sensato. Y sin embargo, los post siguen estando allí. En primer lugar, porque no he sabido modificar la configuración de éstos, de modo que solo se extiendan unas ciento cincuenta palabras y luego aparezca la frase "continuar leyendo".
Y sin embargo, los post largos siguen estando allí. No se van, no, intento la meditación, intento ser feliz y no me sale, intento cosas que no sabía que se podían intentar. Y después de todo me digo, en una actitud medio lazorraylasuvesca: "nadie tiene derecho a limitarme".

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