un sitio de reunión para todos aquellos que escriban o que pretendan hacerlo. sobre todo aquellos que escribimos en las sombras e, incluso, en una zona de cierta penumbra.

lunes, 24 de enero de 2011

Leyendo Doktor Faustus


He vuelto a las andadas con los libros de Thomas Mann. El alemán es un escritor correcto hasta el extremo. Burgués en un sentido casi épico, el necesario para abjurar de esa misma condición (léase Tonio Kroger y se entenderá esto en su dolorosa extensión). Repaso algunos capítulos de Doktor Faustus y me aventuro en otros que no conocía. Y es que, salvo La Muerte en Venecia y algunos cuentos, me ha sido imposible leer a Mann de un tirón. Aunque nadie dijo que tenía que ser así. Su prosa, cuidada, profusa en la descripción del detalle físico y moral de personajes y ambientes, no es apta para lectores cansados, a altas horas de la noche y sin la ayuda del insomnio.

Sin embargo, Thomas Mann es uno de mis escritores favoritos. Me asombra la sabiduría en la creación de sus personajes, seres sencillos, normales, similares a uno mismo y a casi todos con quienes se interactúa a diario. Personajes cercanos y, como pasa en la vida, con caracteres propios y diferenciadores todos. Su discurso, hábilmente explicativo, omite con maestría lo necesario para que el lector fiel rellene los espacios y adjunte algunas conclusiones que asume como propias. Su visión de la infelicidad serena, del vitalismo trágico, encarnados en los ya míticos Gustave von Aschenbach y Hans Castorp, conmueve al que morosamente trasciende las páginas copiosas, previas y necesarias a la presentación de los momentos dramáticos de sus novelas.

Hoy día se habla de Mann más que de su obra: su (re)velada homosexualidad y las tirantes relaciones con sus hijos, todo con el fondo de una familia con tendencia al suicidio, son las deliciosas de lectores que aman las miserias de los famosos. No estoy contra la divulgación de tales detalles, igual no es mi familia ni soy yo, para ser sincero. Pero pretendo que se lea a Mann y se le juzgue literariamente sólo por lo que escribió. Vamos, tampoco es empresa imposible.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Urgente


Los asuntos urgentes apremian. Los asuntos urgentes se constituyen en elementos decisivos a la hora de tomar las decisiones, trátese del tema de que se trate. Quien decide con premura, decide. Es decir, no lo hace bien ni mal, pues no parecen existir tales modalidades. Decide, nada más. Los resultados son estudiados por otras ciencias, humanas en lo de errar, exactas en la crítica. No se tome lo dicho como axioma, no es la idea. Apenas júzguesele como hipótesis de trabajo con clara tendencia al tropezón conceptual. Pudiera decirse que así son las cosas para ciertas personas, a determinadas horas del día o de la noche. Los límites son arbitrarios, pero divertidos para quién los impone. No bastan para dar felicidad, pero alegran las horas, como la cerveza o el dominó (si se está ganando o no se apuesta fuerte, en el último de los casos).

Insisto, los asuntos urgentes apremian, porque son los únicos que tendrán solución; nadie aborda la satisfacción de necesidades lejanas, en tiempo o en lugar, porque, con un tal vez muy débil, no se trate aquí de necesidades. El muerto es problema de los deudos, de los vecinos o de la sanidad pública. Jamás del que le presta su nombre, apellido y señas de vida idas ya. Un ejemplo trillado, pero pertinente, que demuestra que la muerte no es urgente para todos, por tanto, no todos intentan darle solución, lo cual acaso sea lo mejor.

Los asuntos urgentes reciben galardones, forjan excelentes reputaciones profesionales, hacen que se ame más al ser amado; es decir, los asuntos urgentes son los asuntos importantes. Si somos realistas o, mejor aún, pragmáticos, los otros, los que no apremian, esos, los desdeñables, sólo deben ser objeto de reflexión u ocupación para tontos, ociosos o seres de muy poca autoestima.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El hombre rebelde (y la mujer, ojo, la mujer)


En este país algunos se creen rebeldes porque hacen lo que otros dicen debe hacerse para ser rebeldes o se embotan de drogas y propios olores corporales o ven un canal de televisión que va contra el gobierno o ven un canal de televisión que está a favor del gobierno o muy jóvenes escriben poesía y se mofan del establishment aún cuando éste sea modesto y les premie o no trabajan nunca o casi nunca hasta llegar a ser diputados o concejales. Y sin embargo, algo no me deja del todo tranquilo: ¿es que por fuerza era necesario ser rebelde? ¿de esa manera iba la cosa? uno termina por enterarse tarde de cada asunto.

sábado, 14 de agosto de 2010

La locura del rey Jorge (resubido, original del 29.08.09)


Un video editado se difunde por Internet: en él se muestra la presunta demencia senil que aqueja a Fidel Castro. Sin ser demasiado parciales debe reconocerse que el hombre no es el mismo, que una enfermedad, la que sea, oculta a los grandes medios (e incluso a los pequeños y virtuales) ha disminuido sus facultades mentales. Nunca le tuve por genio, como tampoco a ningún otro político. Siempre he esgrimido la tesis de que quienes nos gobiernan, desde la época y el lugar que se juzgue conveniente usar como referencia o punto de partida, son personas normales, tal vez demasiado pagadas de sí mismas, tal vez un poco locas, creyentes de su propia leyenda. Pero es evidente el deterioro del discurso. Digamos la verdad; Fidel parece, en ese video, un abuelito bueno y senil de los que huelen a orina seca. Mi idea no es mofarme del hombre. El tipo tiene cuentas pendientes. Como todo gobernante, debió pasar por encima de muchos, ejecutar grandes injusticias para llegar y, sobre todo, para mantenerse en donde tantos años estuvo. A ratos, ratos perdidos acaso, hizo algunas cosas bien y ayudó a otros. Pero como dijo Julio Cortázar, allá en el fondo está la muerte. Es nuestra naturaleza, debe ser asumida su inminencia para calmar un poco el ánimo y ahuyentar el temor paralizante que la conciencia de la propia finitud podría causarnos si no la entendemos como algo natural. Los que han abandonado la creencia en ultramundos o en trascendencias, saben o debieran saber el riesgo y la valentía que requiere su postura. Ante esto es inevitable construir ídolos, titanes que afrontan los avatares de la existencia, las fuerzas de la naturaleza e, incluso, la perversidad humana encarnada en sistema político y económico. A tales fines se han levantado o se levantarán altares ateos para Marx, Lenin, Mao o Fidel. Es forma de asumir la vida y por esto no es objeto de crítica mientras en nada moleste o dañe a los demás, a los que no comparten la creencia o no la comparten con la misma intensidad o sinceridad. O mientras no dañe a cualquiera. Alargo demasiado mi reflexión, la idea es: es tragedia la muerte y es tragedia la muerte de los mitos, aún antes de la muerte física de quienes los encarnan. No puedo condolerme por un señor que juzgo pernicioso, tampoco alegrarme: vida y muerte son naturales como la lluvia, la noche o el sonido. Me duele, eso sí, la desolación de quienes han construido su vida en torno a esa figura, viendo en ella una especie de superhombre que no tendría final. Los que creen en ultramundos tal vez sean infelices en el fondo. Pero los creyentes de las religiones de izquierda tienen despertares más incómodos y no siempre tan tardíos, tan tranquilos, tan serenos.

viernes, 13 de agosto de 2010

Lecciones incompletas

Quino, en alguna época de Mafalda, la hace asistir a la escuela primaria o de primeras letras. De ello deriva muchas situaciones jocosas, de entre las cuales escojo una ahora: Ella y su amiga Susanita conversan y en los globos sobre sus cabeza se pueden leer frases escritas con redondeada letra de maestra normalista: "mamá sala la masa" y "esa masa es sana" o cosa parecida, luego de lo cual Mafalda concluye, después de despedirse de su amiga: "lo bueno de asistir a la escuela es que una puede conversar en un nivel literario". Habrá que disculpar la inexactitud de estas citas, pero son hechas de memoria y de lejos.
La risa me distrajo durante muchos años, pero justo logré pensar en lo expresado con alguna independencia y se me ha ocurrido algo, si se juega un poco, si se supone que no se avanzó demasiado en los estudios de primeras letras, digamos, no más allá de las cuatro lecciones iniciales de primer grado, es decir, las lecciones "mamá", "papá", "sapo" y "loma" (sobre el contenido de las mismas deberian sobrar las explicaciones) podrían escribirse algunas ideas significativas o curiosas? Pienso que es posible, propongo algunas y sugiero la colaboración activa de los potenciales lectores:
-papá amasa la mama.
-ese lama sopesa mi misa
-papá usa la mula. Ama a esa mula.
-mami, esa posesa lo mama.
-mamá, su moso (bueno, tan poca educación no incluye buena ortografía) se pasó la pepa.
Es posible, pero trabajoso, excluye las opciones de tutear o decir que no de modo directo, pero nuestra educación agradece que no le exijamos demasiado.

Enviado desde mi BlackBerry de Movistar

El Internet me ha abandonado

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lunes, 26 de julio de 2010

Ardua Tarea (resubido)


No sé mucho de poesía, porque poco leo y casi no he escrito. Poesía, es decir. Sin embargo, no me dejan indiferente algunos grandes poetas: Pessoa, Cuadra, Vallejo, Rimbaud, García Lorca, Cadenas y algunos más. Escribir con tal fuerza es difícil, no pido tanto para lo que hago y por eso me centro en la narrativa y en algun reflexión que publico en este blog.
Hay gente que no ve la empresa tan dura, que se atreve y eso es bueno, lo aplaudo y reconozco. Sin embargo (que hace las veces de pero), no puedo dejar de notar una especie de fórmula fácil que permite que cualquiera acceda a nuestro olimpo poético local, regional y, sobre todo, estatal. No se tomen mis palabras en serio ni literalmente, sólo hago una consideración que será fácilmente desmentida por cualquier cursante, incluso reprobado, de maestría en literatura, hasta dejarme en el ridículo más sonrojante. Esto es: baste unir sustantivos con adjetivos equívocos, con profusión, acudir a metáforas usadas o, si acaso, crear una sola que valga la pena y ponerle con ella el nombre al libro. Ser oscuro hasta para sí mismo, jamás dejar entrever una leve nota de optimismo o de fe en lo vital que no sea política, roja y permitida.
Ayuda crear textos intercambiables, vale decir, de esos que no se resisten a los errores de impresión que juntan el final de un poema con el inicio del otro. La poesía es una sola, caracha, y para eso se tiene una voz. También es útil que quien haga la presentación del poemario vea en él una marcada tendencia ética o metafísica o una vaina como un discurso entronizador, una vocación de ocasos o, si no se puede mejor virtud, la laboriosa instancia que permea soledades. En cualquier caso debe exigirse al presentador (que a veces es exigirse a uno mismo) que no pretenda lucirse y que no acuda, y en esto sigo a Roberto Echeto, a los nombres tantas veces citados de los teóricos de siempre: "medirlo todo con el canon de Bloom, con el de Barthes, con el de Todorov, con el de Steiner, Foulcault, Habermas o con el de cualquiera de esos grandes chivos que legitiman a todo el que los nombra".
De este modo, sugiero que se legisle en materia de poesía y se cobren impuestos, como en un buen poema de Maiakovski, que se peche la sobreadjetivación, con recarga porcentual importante si el adjetivo es epíteto y con tributo confiscatorio si sólo pretende sorprender por ambiguo. Que se prohiban las citas más largas que los poemas sería otra medida interesante. El tema da para mucho, espero colaboren los hipotéticos lectores.
P.D. A modo de ejemplo:
Avanza entonces, cardumen de sufrires,
antónimo del alba, carácter sombrío de mis temores,
ariete indemne de los desfiladeros,
cambur innecesario, frasco sin frasco,
adlátere del consumismo.
Deja la huella, deja la huella,
que la huella no es para seguirte
sino para pisar el futuro
(el presente, perro negro que no se deja bañar),
el futuro grande de la patria grande,
que no se tiene, que no se sueña,
que sólo se construye
en andamios (importante esto de los andamios) preñados de esperanzas.

Lugares Comunes


Luis estaba enamorado con todas las fuerzas de su corazón e, incluso, de su alma, aunque era ateo, gracias a Dios. Cada minuto lejos del objeto de su querer se le hacía insoportable. Luis quiso dar término a tan enojosa situación y decidió cortar por lo sano (haciendo énfasis más en lo sano que en lo de cortar), y renunció a su trabajo, ocupación en la que no ganaba sino tres lochas que no le aseguraban ni lugar para caer muerto. Ya sin trabajo, se vio libre para hacer lo que más deseaba en el mundo: amar a su querida Sandra. Intentó hacer poemas que llegaran (de nuevo) al alma, que dejaran una enseñanza para las jóvenes generaciones, poemas que enaltecieran los grandes valores del espíritu y de la patria. No le quedaron del todo mal, aunque si hubo gente que le criticó, esos, los que ni lavan ni prestan la batea, los que no pueden ver ojo bonito en cara ajena. Pero para Luis eso no era importante, Luis tenía en sí ese fuego sagrado que le insuflaba el coraje para ejecutar las más osadas acciones en pos de su anhelado fin.

Lo que Luis no sospechaba era que había alguien ladrándole en la cueva; siempre la traición viene de la gente a la que uno quiere. Hugo, su amigo del alma, su hermano, miraba a Sandra con deseo. Hugo era un muchacho bueno, sostén de hogar (no se vengan con el horrendo chiste) y fiel cumplidor de sus obligaciones, pero como el diablo es puerco, Sandra se le metió por los ojos, por lo Hugo cayó en la tentación y traicionó la confianza de su amigo. Luis fue el último en enterarse de la infidelidad, como corresponde, pero apenas lo supo, se puso fuera de sí (un amigo lo quiso corregir cuando gritaba “estoy fuera de sí”, pero no le prestó atención; no era el momento). Luis habló a Sandra con el corazón en la mano y vio en sus ojos arrepentimiento de verdad. De este modo, se evitaron las tragedias grandes por todos temidas y colorín, etc.

Y aunque segundas partes nunca fueron buenas, la historia siguió. Luis no confiaba del todo, el demonio de los celos hizo su parte. Y las lenguas viperinas, que no resistían ver a dos que se querían bien, llenaron de chismes y destruyeron tanto un puro (desde cierta fecha hasta otra, con una lógica interrupción) amor como una sincera amistad con pequeños matices. Luego vinieron los amigos de lo ajeno y se llevaron hasta las últimas migajas del sentimiento y entonces esta vez sí, colorín.

lunes, 12 de abril de 2010

Observación de lejos


No creo muy sensato suicidarse a los 25 años, eso es no tener paciencia o creer el propio fingimiento. Leamos a Cioran, pero ojo, chicos, no hagan esto en casa. Se puede decir mucho sobre la vida, sí, bueno, digámoslo.

viernes, 2 de abril de 2010

Hace rato


Hace rato que no escribía en el blog. El blog no debe ser un reflejo de lo vital, pues de ese modo debería alguien forzosamente concluir que mucho no he vivido durante este interín (desde Navidad a Viernes Santo, la gran puta!). No, claro que no, he vivido cosas, algunas buenas, algunas malas y la mayoría, neutras.
Ah, quise hacer una entrada en otro blog, uno de cine que inicié con un amigo, una entrada docta sobre el género de la road movie, entrada que nunca terminé, pero que me permitió leer y ver cosas interesantes. Participé en un concurso de relatos, con un relato que juzgué bastante bueno, pero a que mis amigos no entusiasmó para nada. Imagino que no ganaré, ah, de nuevo, la gran puta.
Pero la idea no es esa, no es hacer un catálogo de lo confesable (hay cosas que callaré para siempre), sino agregar algunas palabras a este blog, e imponerme de nuevo la disciplina necesaria para seguir adelante con él. Así sea (esta ya lo he escrito antes).

viernes, 25 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

sábado, 24 de octubre de 2009

Para los que narran

Los que narramos debemos entender, eso creo, que una situación extrema, incluso graciosa, nunca transmite tanto como los momentos que casi todos vivimos, cada uno a su manera y según su gusto o disgusto, por ejemplo, sufrir de diarrea y hacer las necesidades en un baño portátil, en día de fiesta popular y con borrachos que tocan muy fuerte la puerta e incluso pueden llegar a voltear el baño, nunca puede compararse con la primera vez que a uno lo dejan sólo en un hospital o cuando se conoce el sexo, por lo común en poco favorecido lugar. Es decir, no se exagere, no se rompa la rutina rompiendo también el relato o las pelotas de quien lea.

lunes, 19 de octubre de 2009

Qué Androides ni Ovejas Eléctricas.
















La suma de los días que han pasado hasta hoy desde… desde cualquier tiempo, da un número, irrelevante en sí mismo. Pongamos que hace mucho yo era joven y tenía una amiga que quería tanto como para desear que fuese mi novia. Ella no lo quiso y no hubo tragedia en eso, son las cosas de la vida y no lo digo por adoptar la posición del sabio de la resignación o sabio de cualquier otra especie. Pasa el tiempo y las cosas del querer van dejando de ser unas para llegar a ser otras. Es decir, no se piense en desgracia al pensar en el amor no correspondido, eso sólo es así en dos supuestos (se me ocurre): cuando se ven las cosas a muy corto plazo o cuando se posee una disciplina y persistencia con nivel de virtud teologal.

Pero ocurre que la gente se va del país y quién sabe cuántas cosas vive por ahí y una noche, una noche de propios problemas y de soledad, de café y cosas oídas a otros, la gente lo llama a uno. Es lindo recibir llamadas de muy lejos, siempre causa asombro, como el de antaño o el de siempre al contemplar el fuego o el mar. Pero pasado el primer asombro queda la realidad, queda el peso del dolor ajeno que es propio aún así, tan lejos, queda el no poder hacer nada por la gente que uno bien quiere. Las máquinas que hemos inventado (¿Cuándo inventates vos, Chaco, un avión, le decía mi abuela a mi abuelo) son neutras y somos nosotros los que las llenamos de sentido, de amor, de tristeza. Un día nos habremos ido de por estos lados y lo que quede, unas palabras escritas, por ejemplo, no podrán mostrar todo lo visto, todo lo vivido, todo lo que se quiso. El final de Blade Runner no es tan SciFi como se piensa. Amigo, comenta algo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

DOMINGO, NO LLUEVAS


Una mañana de domingo con lluvia invita a escribir frases poéticas. Sin embargo, hay que declinar esa invitación, tal como se hace con la similar a reírnos con chistes ya sabidos y reídos en demasía por, al menos, tres generaciones. Es decir, de ser poético en mañana de domingo con lluvia hay poco trecho a comparar la luna con un queso, decir que el silencio dice más que mil palabras o deteriorar una narración sobre una vedette de escasa estatura introduciendo en aquella la referencia a una gallina de los huevos de oro.
Tal vez fueren cosas que pide el cuerpo, en tal caso no faltará quien opine que hay cierta cognición corporal, una “corporación” que no puede ni debe ser negada, que hacerlo es signo de enorme negación de la propia naturaleza, donde sea que esta se asiente y crezca. Pudiera ser cierto, no digo lo contrario de manera absoluta, pero tampoco es falso que el resultado es molesto, que reírse del mismo chiste pasa dos o tres veces, si la muchacha es hermosa o el anciano buena gente, pero con el tiempo fatiga, aturde, ahuyenta.
De otra cosa habrá que hablar en domingo llovioso. Por ejemplo, del final de las religiones. O del final de la religión católica. Parece llegar a su fin en Venezuela, si bien este no fue un pueblo demasiado creyente. Ella cede el paso a nuevas espiritualidades, a nuevos dogmatismo. El de la política, vaya, mejor pasarlo de largo, porque, con mucho, es el más peligroso, aunque no ha rendido sus frutos plenamente. El del ateísmo o agnosticismo (que dicen que no es lo mismo, pero se parece mucho), es interesante. A sus ojos, según su decir, quienes tenemos ideas religiosas, así sean tan vagas y confusas como las mías, somos seres humanos en cuanto caminamos y repetimos, no más allá. Ojo, que con esto no quiero ofender a personas que practican esa ardua fé de no creer en ultramundos, que personas así conozco y aprecio y sé que son buenas y valiosas.
Pero allá, no tan al fondo, están los fanáticos. Y si a ese ateísmo sumas otras certezas como el marxismo o la revolución, la cosa toma ribetes medio tensos. Nunca tuve pruebas de mi dios, de mis dioses, de mi meditación o nirvana. Es cierto, no tengo mayor cosa para agregar. Pero, creo que su materialismo histórico tampoco parió nunca al nuevo hombre, ni eliminó las diferencias de clases, ni trajo la paz ni nada extraordinario que el capitalismo no hubiere producido. Entonces creer es tan fácil o tan difícil en los dos casos. Necedad de por medio, nos veremos por ahí, en el mundo. O en el ultramundo.

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